Tras la fermentación, el vino se trasiega a la sala de Barricas. Aquí descansa en un proceso de crianza. Los tipos de roble, la temperatura y los diferentes tiempos de envejecimiento, aportarán a cada tipo de vino una naturaleza única. Posteriormente, el vino es embotellado y almacenado a una temperatura y humedad precisas. Este proceso se conoce como crianza reductiva y una vez finalizado está listo para ser consumido.